Los reflejos del recién nacido

Publicado por SOSMadre en Crecimiento y Desarrollo, El recién nacido el 09/04/2006

Reflejos

Gran parte de la actividad de tu hijo durante las primeras semanas de vida es debida a reflejos. Por ejemplo, cuando le metes un dedo en la boca, él no piensa qué debe hacer, simplemente actúa de forma refleja: chupa. Si lo expones a una luz brillante, cerrará automáticamente los ojos con fuerza, porque esto es lo que sus reflejos le dicen que debe hacer. Ha nacido con muchas de estas reacciones reflejas; algunas de éstas las mantendrá durante meses, otras desaparecerán en cuestión de semanas.

A continuación te contamos algunos de los reflejos que podrás detectar e tu hijo durante la primera semana de vida. No todos los lactantes manifiestan ni pierden estos reflejos exactamente en el mismo momento, pero esta lista te dará una idea general de lo que podrás encontrar.

Reflejo de Moro: si la cabeza del bebé cambia de posición bruscamente o cae hacia atrás, o bien se sobresalta ante un estímulo fuerte o repentino, reaccionará abriendo los brazos y piernas y extendiendo el cuello y después volviendo a juntar los brazos mientras llora desconsoladamente. El reflejo de Moro alcanza su pico máximo durante el primer mes y desaparece a partir del segundo.

Reflejo palmar: cuando toques o acaricies a tu bebé en la palma, cerrará la mano y te cogerá inmediatamente el dedo. Durante los primeros días, sentirás que tu hijo es capaz de agarrarte la mano con tanta fuerza, que puede darte la impresión de que sería capaz de aguantar su propio peso colgado de manos y pies. No lo intentes: tu bebé todavía no tiene ningún control sobre este tipo de respuestas y podría caerse de golpe. Este reflejo desaparece entre los cinco y seis meses de vida de tu hijo.

Reflejo plantar: cuando toques o acaricies a tu bebé en la planta del pie, la doblará flexionando los dedos hacia adentro. El reflejo plantar es el que más dura, desaparece entre los nueve y los doce meses de vida del bebé.

Reflejo de la marcha: si coges a tu hijo por las axilas (sosteniéndole al mismo tiempo la cabeza y dejas que las plantas de los pies toquen una superficie plana, él colocará un pie delante de otro y “caminará”. Este reflejo desaparecerá alrededor de los dos meses y volverá a aparecer a medida que el niño aprenda a caminar voluntariamente hacia el final del primer año.

Reflejo tónico del cuello: es una de las reacciones automáticas más interesantes, también conocida como “postura de espadachín”. Te darás cuenta de que, cuando tu bebé gira la cabeza hacia un lado, estira el brazo del mismo lado, doblando el otro brazo, como si estuviera practicando esgrima. De todos modos, si no detectas este reflejo en tu bebé, no te preocupes: se trata de un reflejo muy sutil y, si tu hijo está un poco alterado o llorando, puede no manifestarse. Desaparece entre los cinco y los siete meses de edad.

Reflejo de búsqueda: es el que le hace girar la cabeza en la dirección de la parte del cuerpo en que le acabas de tocar o acariciar la boca o la mejilla. Esto lo ayuda a encontrar el pezón para mamar. Al principio, girará la cabeza de un lado a otro buscando el pezón y luego la alejará en una longitud progresivamente decreciente. Pero, cuando tenga unas tres semanas, simplemente girará la cabeza hacia el pecho y cogerá el pezón con la boca. Este reflejo desaparece hacia los cuatro meses de vida del bebé.

Reflejo de succión: es otro de los reflejos de supervivencia que están presentes incluso antes del nacimiento. Si te hicieron ecografías durante el embarazo, es posible que vieras a tu bebé chupándose el dedo. Después del parto, cuando le pongan un pezón o una mamadera en la boca, empezará a chupar automáticamente. Este movimiento suele tener lugar en dos fases: primero coloca los labios alrededor de la areola y aprieta el pezón entre la lengua y el paladar. En esta fase, denominada “de expresión”, se consigue que la leche salga del pezón. A continuación, la lengua se mueve de la areola al pezón. Todo el proceso es favorecido por la presión negativa, o succión, que hace que el seno permanezca dentro de la boca del bebé. El coordinar estos movimientos rítmicos de succión con la respiración y la acción de tragar, es una tarea relativamente compleja para un bebé. Por lo tanto, aunque la succión sea un acto reflejo, no todos los bebés maman eficazmente desde el principio. Con la práctica, el reflejo se acaba convirtiendo en una habilidad que llega a dominar a la perfección.

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