El desarrollo temprano del cerebro
Publicado por SOSMadre en Crecimiento y Desarrollo, Educación, Otros el 13/07/2006
Como madre o padre, sabes que tu comportamiento afecta a tu hijo. Tú te ríes y él se ríe, lo elogias y él manifiesta satisfacción, lo riñes por portarse mal y él se pone triste. Tú eres el centro del universo de tu hijo. Y viceversa, claro.
Las investigaciones han demostrado que durante los tres primeros años de vida, el cerebro del niño crece y se desarrolla significativamente y durante esta etapa se establecen los patrones básicos de pensamiento y respuesta. ¿Qué significa todo esto para ti como mamá o papá? Significa que tienes una oportunidad muy especial de ayudar a tu hijo a desarrollarse adecuadamente y a madurar social, emocional, física y cognoscitivamente. Los primeros años son para toda la vida.
Durante mucho tiempo la gente creyó erróneamente que el cerebro de un bebé era una réplica exacta del cerebro de sus padres. Por ejemplo, si la mamá era artista, el bebé tenía más probabilidades de heredar este mismo talento. Aunque la genética tiene su papel a la hora de determinar las habilidades y destrezas de un niño, investigaciones realizadas recientemente subrayan que el ambiente desempeña un papel igual de importante. En los últimos años, la neurociencia ha puesto de manifiesto que las experiencias que llenan los primeros días, meses y años de un bebé tienen un gran impacto sobre el desarrollo de su cerebro. Tanto la naturaleza como la crianza trabajan codo a codo en el desarrollo de nuestros hijos.
Todos los niños necesitan ciertos elementos en las etapas iniciales de la vida para crecer y desarrollar todo el potencial:
- Un niño necesita sentirse especial, querido y valorado.
- Necesita sentirse seguro.
- Necesita crecer en un ambiente predecible.
- Necesita un equilibrio entre libertad y disciplina y unos límites a que atenerse.
- Necesita ser expuesto a ambientes distintos, donde haya lenguaje, juego, exploración, libros, música y juguetes apropiados.
Aunque pueda dar la impresión de que lo que ocurre en el cerebro de un bebé es relativamente simple comparado con lo que ocurre en el cerebro de un adulto, de hecho, el cerebro de un bebé es el doble de activo que el de un adulto. Los especialistas en neurociencias se están centrando especialmente en los tres primeros años de vida por considerarlos una etapa crucial. Durante estos años el cerebro humano posee el mayor potencial de aprendizaje. No sólo aprende más deprisa, sino que durante esta etapa se establecen las formas básicas de pensar, responder y solucionar problemas. Por ejemplo, fíjate en lo fácil que le resulta a un niño aprender palabras de otro idioma y lo que nos cuesta a los adultos.
Esto significa que tú y el entorno que crees para tu hijo influirán sobre su forma de afrontar las emociones, su forma de relacionarse con los demás, su forma de pensar y su forma de desarrollarse físicamente. Creando un entorno adecuado para tu hijo permitirás que su cerebro se desarrolle con normalidad. Puedes preguntarte en qué consiste un entorno “adecuado”. Consiste en un entorno “centrado en el niño” y que ofrezca oportunidades para aprender adaptadas a los intereses, el nivel de desarrollo y la personalidad de tu hijo. Afortunadamente, los componentes de un entorno adecuado incluyen cosas básicas que muchos papás están dispuestos a ofrecer: una buena alimentación; un entorno familiar cálido, receptivo y afectivo; tiempo para jugar y divertirse; refuerzos consistentes y positivos; disponibilidad para conversar; buenos libros para leer; música para estimular la actividad cerebral y la libertad para poder explorar y aprender de todo lo que le rodea.
Reflexionemos sobre los siguientes elementos y sobre cómo cada uno de ellos contribuye al desarrollo cerebral de tu hijo:
- Lenguaje. Comunicarse abiertamente de tú a tú con un niño, así como leerle y cantarle, fomenta el aprendizaje del lenguaje.
- Identificación temprana de problemas de desarrollo. Muchos problemas médicos y de desarrollo pueden tratarse eficazmente si se detectan pronto. Los niños con discapacidades o necesidades médicas especiales se benefician enormemente de la supervisión temprana y atenta de su desarrollo cerebral.
- Entorno estimulante. La oportunidad de explorar y solucionar problemas en ambientes variados y seguros fomenta el aprendizaje.
- Educación positiva. Educar a un niño en un entorno que prodigue afecto, apoyo y respeto fomenta su autoestima y su confianza en sí mismo, y tiene un impacto muy positivo sobre su desarrollo ulterior.
Para construir un entorno positivo para tu hijo en tu casa y en tu comunidad, sigue estas recomendaciones:
- Obten un buen cuidado prenatal. Puesto que el desarrollo cerebral se inicia antes del parto, cuidarse durante el embarazo es una forma de garantizar el correcto desarrollo del cerebro de tu hijo. Examínate desde el comienzo del embarazo, consulta al médico con regularidad y sigue sus instrucciones. Llevar una dieta equilibrada y evitar el tabaco, el alcohol, las drogas son algunos de los pasos a seguir para contribuir al futuro bienestar de tu hijo.
- Intenta crear “una aldea” a tu alrededor. Criar a tu hijo estando solos es muy duro. Busca apoyo en tus amigos, en la familia y en tu comunidad. Pídele al pediatra información sobre actividades y grupos de apoyo de padres.
- Pasa con tu hijo el mayor tiempo posible. Habla con tu hijo: lean, escuchen música, hagan dibujos y jueguen los dos juntos. Este tipo de actividades te permitirán pasar tiempo enfocado en los intereses de tu hijo. Además, así conseguirás que tu hijo se sienta especial e importante. También le enseñarás el lenguaje y la comunicación, y otras herramientas que podrá utilizar en su vida futura.
- Dale a tu hijo mucho amor y atención. Un entorno cálido y afectivo ayuda a los niños a sentirse seguros, competentes y bien cuidados, y a que les importen los demás.
- Proporciónale pautas y normas consistentes. Asegúrate de que tú y las demás personas que colaboran en el cuidado de tu hijo siguen las mismas normas. Asegúrate también de que esas normas se adaptan a las capacidades del niño. La coherencia le ayuda a un niño a saber qué es lo que puede esperar de su entorno.
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