Crece la familia

Publicado por SOSMadre en Eventos y agenda el 02/04/2016

Amigas/os,

Lamentamos no habernos podido comunicar con ustedes antes, sabiendo que son nuestros fieles seguidores desde hace años. En SOSmadre.com hemos pasado por varias etapas y nuevas experiencias; la familia creció, maduramos. Nuestros tiempos se limitaron a lo personal, lo cual no nos han permitido continuar escribiendo nuestro tan preciado blog.

Hemos decidido mejorar SOS Madre en muchos aspectos, no solo en lo estético sino también en su contenido y dinámica, ya que hoy día los chicos y las madres se enfrentan a situaciones cada vez más complejas. Allí estaremos con nuevas secciones y categorías de temas más actuales, tales como la seguridad de los chicos en Internet, nuevos comportamientos, consumo masivo, contenido televisivo, problemas cotidianos, móviles y celulares, tips, y mucho más.

Cabe destacar que nuestras opiniones en SOSmadre.com son de igual a igual, de madre a madre, como la que puede dar un amigo o familiar.

Queremos aclarar que no somos profesionales en cada tema que tratamos y para todos aquellos que realizan consultas esperando una respuesta profesional, sólo podremos hablarles de nuestras experiencias vividas y que lo mejor en todos los casos es consultar con su médico personal.

Si ustedes desean que incorporemos algún tema importante este es el mejor momento para sugerirlo.
Agradecemos todas sus sugerencias. Pueden dejar un comentario más abajo.

Esperamos que el nuevo diseño les guste!

Saludos!

 

“Un chirlo a tiempo”

Publicado por SOSMadre en Especiales de S.O.S.Madre el 01/04/2016

A veces es la violencia física, otras se trata de angustias del niño no reconocidas o consoladas, castigos más o menos cruentos, manipulaciones variopintas, más sofisticadas y “explicadas” cuando más alto se encuentra la familia en la escala social. A veces es la propia violencia materna, otras el no registro o el llano abandono del niño a la violencia o el abuso de otro, por parte de la madre. Este otro puede ser el padre, la empleada doméstica, un abuelo, la institución escolar.Cuando en la consulta -frente a los indicios- esto se explicita, se pone en palabras, se discrimina, se devela de su discurso, surgen básicamente tres actitudes de parte de la mujer:

  • Una suerte de “desconecte”. Claramente se observa el gesto de la mujer que ha dejado la máscara sentada en la silla, y ella se ha ido lejos para no escuchar que esa acción que acaba de relatar, es violenta para su hijo. Al “regreso” en general desmiente lo dicho un instante antes, o trata de explicar lo inexplicable, o responsabiliza al niño de la acción de los adultos, de ella misma o algún otro.
  • Otra reacción es la “naturalización”, como que así como la crianza incluye de por sí el dar de mamar al bebé, incluyera también el castigo cuando llega a niño. Esta naturalización del castigo va en general acompañada del relato de una tabla de “gradaciones”, más o menos intelectualizada, llegando incluso a “clases” de eso que se ha dado en llamar “búsqueda de límites” del niño. Siempre -eso si- dando por sentado que límite y algún modo de la violencia, serían casi sinónimos. Si el chirlo en la cola o si sólo el grito o el encierro en su habitación; si en la cara se pega o no, si el castigo sólo incluye “la quita” de supuestos beneficios o si por coerción aprende o no el niño.
  • Y existe un tercer grupo, que frente al señalamiento del acto violento -físico o psíquico-, rápidamente cae en la cuenta de ese ejercicio de poder autocrático de un adulto hacia el cuerpo y la psiquis de un niño y muchas veces se ve ella misma en sus propios sometimientos a otras violencias. Reacciona y pide ayuda para ella y su hijo o hija. Estas mujeres emprenden un trabajo consigo mismas que -llevado con compromiso- no tarda en dar frutos. Frutos que no sólo son que el niño deje de recibir el acto violento o el castigo, sino que la madre sentirá que empieza a poder disfrutar profunda y abiertamente de su maternidad.

Y todo comienza a tener otro sentido para la vida de ambos.

“Desde que me abstengo de pegarle, empecé a percibir el cosquilleo en la palma de las manos. Me di cuenta que eran ellas, y no lo que él hiciera, las que pedían la fuerza de ese contacto con su cuerpo que me daba la bofetada …”

“Cuando me frené antes de gritarle, pude -por primera vez- ver en su carita mi propio terror cuando mi madre se enojaba”

Esto puede llevar a la conciencia de la carencia de recursos para la crianza, y esto se puede aprender. O al recuerdo de los maltratos en la propia infancia y esto se debe elaborar; o a las frustraciones que se hacen recaer sobre el niño que no se puede defender, y esto se debe poner en su lugar; o …

Desmontar el mecanismo de violencia física o psiquica, no criar al niño por medio de la coerción y el castigo como sinónimo de “límite”, es como emprender el camino de aprender otra lengua, en nuestra sociedad. Una lengua donde se dicen otras cosas, desde otros lugares, que producen otros efectos. En el adulto y el niño. Un camino donde se llega a otro destino. Uno deseable y liberador para la mujer y el niño o niña, en un punto donde comparten un destino social común. Abandonar el poder del adulto en relación con el niño, y encarar una crianza donde la educación y la responsabilidad del adulto madre, enseñan otro límite, otra ley, al niño hijo. Un camino en un plano de igualdad ética entre el adulto y el niño. Eso, en última instancia, es la crianza de un hijo: la transmisión de una ética en las relaciones consigo mismo, con el otro y con el mundo.


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